Meritocracia
No es fácil ser una anguila. Llegar a serlo ya es bastante difícil: las probabilidades de pasar de angula a anguila son cada vez menores. Y si se logra alcanzar el estado adulto, aún queda toda una vida de miedo y sobresaltos, siempre huyendo de los depredadores, todo para morir sin ver crecer a ninguno de tus nueve millones de hijos.
Por eso me puse a estudiar. Me presenté a todos los exámenes de promoción interna y después a los de cambio de especie y por último a los del Cuerpo Superior de Monstruos Primigenios.
Ahora soy Ang-il-láh, el dios aberrante y enloquecido que habita en lo más profundo de los ríos y pantanos. Es un trabajo de responsabilidad, sí. Pero antes me comías y ahora te como yo. Hay una diferencia. Eso y que en Miskatonic me dediquen un curso de doctorado. Yo veo la cara de mis nueve millones de criaturas cuando me miran y pienso que todos mis esfuerzos han merecido la pena.
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